Estefanía Labrín, directora de investigaciones de Interpreta, estuvo en Radio Súbela presentando los hallazgos del quinto informe del Observatorio de la Democracia, que analizó más de 210 mil menciones en X y Facebook y comparó lo que publican las cuentas oficiales con lo que conversa la ciudadanía en diez temas clave.
«Lo que logramos identificar es lo que nosotros llamamos narrativas huérfanas, que son conversaciones que se generan en la ciudadanía y que se quedan como sin contraparte, que en el fondo no tienen respuesta», explicó.
La brecha más amplia se dio en educación, que concentró el 45,6% de la conversación ciudadana frente a un 5,8% de la emisión oficial. «Para las personas el tema de la educación es un tema bien urgente, porque las personas que tienen hijos en edad escolar ya en agosto o incluso antes empiezan a pensar qué es lo que va a pasar el próximo año con su hijo», señaló.
Sobre la sala cuna, Labrín sostuvo: «Es una conversación que está mucho más marcada por la rabia, por el hecho concreto que ocurrió en el Congreso. Las personas sienten que no hay un interés, que están más preocupados de acuerdos políticos que de resolver efectivamente el problema de la sala cuna, y eso genera una molestia muy grande en la ciudadanía».
En desigualdad, el gobierno concentró la mitad de su comunicación en vivienda y empleo, mientras la ciudadanía discutió las contrataciones en cargos de confianza.
«En este estudio apareció muy grande la palabra pituto. La gente está muy molesta porque considera que existe un pituto en el Estado, sobre todo por estos casos de personas muy jóvenes que son contratadas a sueldos muy altos en ciertos ministerios», explicó.
Respecto del 11 de septiembre, primer aniversario del golpe sin acto de Estado, afirmó: «Como no hubo una narrativa instalada desde las autoridades, la ciudadanía quedó sola. Cuando hay una institucionalidad detrás de la conmemoración de ese día, se instala un tema del cual se va a hablar, y en esta ocasión la ciudadanía instaló el tema del que quiso hablar».
El informe también detectó que un 62% de las expresiones hostiles hacia migrantes corresponde a lenguaje deshumanizante. «Una cosa es decir un insulto y otra cosa es quitarle el carácter de humano a una persona. Eso preocupa porque no solamente es una diferencia de opinión, es directamente una deshumanización y, en algunos casos, incitación a la violencia», advirtió.
Finalmente, llamó a las autoridades a cerrar esa distancia: «Cuando sí hay una respuesta institucional a ciertos temas, la emocionalidad cambia en la gente. La gente puede estar molesta, está en todo su derecho, pero lo que espera es una respuesta, y eso es lo que no hay».
Revive aquí la entrevista de Estefanía en Radio Súbela para más detalles sobre los hallazgos del informe:




