En la conversación digital la identidad chilena aparece sobre todo en clave de queja. El eje más pesado del corpus es la autocrítica. Cuando alguien completa la frase «los chilenos somos…», lo más habitual es que siga un insulto. A eso se suma la figura del país anómalo, ese «solo en Chile» que nombra la impunidad y el desorden como si fueran rasgos nacionales. Otra parte grande de la conversación discute quiénes tienen derecho a llamarse chilenos. La pregunta por la nacionalidad, la migración y el mestizaje ocupa tanto espacio como todo el orgullo patrio junto. La identidad afirmativa existe y es sólida, pero se apoya en un repertorio pequeño y muy estable: la bandera, el himno, la cueca, las Fiestas Patrias, el té, la once, el completo, la empanada y el asado. Se activa fuerte en septiembre y el resto del año se sostiene en clave doméstica y humorística. Hay un dato que no se ve a simple vista. La solidaridad, que durante décadas fue el autorretrato oficial del país, casi no se enuncia. Las pocas veces que se menciona, es para desmentirla.

Interpreta y Racismo MX presentaron el Racistómetro en Ciudad de México
El informe, desarrollado por Interpreta junto a la organización mexicana RacismoMX, analizó más de 14.000 menciones en X (antes Twitter) entre 2010 y 2025 y concluyó que el racismo en el entorno digital no desaparece, sino que se transforma.



